[Anime] Diferencia generacional

En los últimos años no ha sido raro ver nuevos animes de obras que ya tenían unos cuantos años a sus espaldas como experimento de las productoras y a su vez para publicitar los relanzamientos de los productos originales… Pero en el otoño del anterior año llegó algo más impactante que un anime de Parasyte o Ushio y Tora, y eso fue la resurrección de la obra de Akio Akatsuka: Osomatsu-kun… Cosa que para mí fue una bofetada de nostalgia.

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Vámonos a viajar a mi no tan tierna infancia para rememorar varias cosas… Y nos situamos en un 2006-2008 en el que yo era un crío que ya apuntaba maneras. Una época en la que mi vida era ver lo que echaran en Canal 2 Andalucía, el segundo canal autonómico y donde hubo un tiempo donde se mantuvo una cierta tendencia a echar siempre algún que otro anime de lunes a viernes. Así yo entre RPG y RPG veía con mi bolsa de chuches particular o mi paquete de cheetos fantasmitas series como Detective Conan, Kochikame, Slam Dunk y otras más. Iban cambiando siempre el anime de las 21:00 al finalizar el actual, y de esa forma un día llegó a mi tele Cosas de Locos. Esta serie era Osomatsu-kun, y a la vez Rerere no Tensai Bakabon. Ignorando Bakabon (Tontobon en mis tierras), que se quedó en los 26 episodios que echaron, así pude conocer esta peculiar serie, que era una comedia sobre las peripecias de unos sixtillizos y el gañán de Iyami (Señor Conejo en la traducción castellana) junto al resto del elenco de personajes, resultando en historias tremendamente absurdas.

Era una obra hija de su tiempo. Este era el segundo anime de Osomatsu-kun (siendo el primero de 1966, y en blanco y negro), y en un contexto de una era showa en la que Japón empezaba a ver el final de su siglo  este no era tan conocido como lo es actualmente. Un marco sociocultural de hace años, en el que la tendencia era otro estilo de humor, más sobrio y con una mayor tendencia a la caricaturización de su propia realidad de una forma bastante absurda. Así la serie caía en todo un conjunto de exageraciones de los tropos de su época en una obra que es un verdadero clasicazo que tuvo su buena acogida durante sus dos años de emisión.

Por fortuna… Ese niño repelente que era yo ya estaba acostumbrado a ese humor gracias a las series infantiles de la era showa que pudo ver como Doraemon, Shin-chan, Kiteretsu, Rantarou o El ninja Hattori (la peor de todas, he de decir). Es un humor con el que yo me desternillaba totalmente, y ver cosas de locos era un nivel superior, ya que la única de las dichas que se acercara en nivel de absurdez era Rantarou… Pero Osomatsu-kun era un mundo superior. Es una serie que si quiere hacer algo lo hace sin dudarlo, no se pone nunca reglas y casi cualquiera episodio al azar podrías considerarlo un universo alternativo a otro, ya que los personajes iban cambiando de roles constantemente e incluso a veces formaban una historia independiente (cosa que también llegó a hacer Shin-chan). Casi todos los capítulos eran autoconclusivos, pero la caracterización de los personajes era una constante siempre. Iyami era un avaricioso estafador al que nada le iba bien, Chibita un crío normal hasta que le tocaban los cojones, los sixtillizos eran todos idénticos y gamberros, Totoko era ya una cría que se anteponía al resto del universo y Hatabo consistía en un crío con cara de tonto que pedía bullying sin decir nada. Así, iban desde una vida diaria normal a una ópera espacial, a matar a la muerte, un western, una historia con conspiraciones palaciegas donde incluso se cargaron a Hatabo y una fuga de la cárcel… E incluso la cotidianidad era invadida por la absurdez, porque en esa serie no había contención alguna, sobretodo por el protagonista indiscutible de la serie: Iyami, cuyo característico SHIEEEEH es todo un meme en Japón. 

Años después vuelvo a ver la serie y… La verdad es que la labor de la traducción no solo es muy buena adaptando las bromas, sino que el doblaje cumple con creces, y a parte de eso la serie me sigue pareciendo divertida. Y ahora de adulto he podido apreciar cómo la serie casi que es un conjunto de obras de teatro de los personajes, que la cantidad de delitos que ocurren en la serie es desproporcionado o que los personajes están realmente retorcidos, acompañados por ciertas críticas ligeras a factores del país y todo con ese humor tan japonés que incluso ahora entiendo mejor. Es fascinante ver cómo la serie puede tener en un mismo episodio estafa, intento de homicidio, negligencia, allanamiento de morada, destrucción a la propiedad pública y suplantación de la identidad… Cuando se supone que es una serie infantil. Es una buena sorpresa ver que una serie que veías de pequeño y te encantaba de verdad era buena.

Osomatsu-kun a día de hoy si te hace gracia es muy disfrutable. Y ya sea por el doblaje o las propias virtudes de la obra no ha envejecido tan mal como uno puede esperar, sigue siendo ligera y conviccionadamente antigua, pero a poco que puedas seguirle el hilo a las bromas igual puedes estar ante una de esas obras que emitieron en España y que de verdad valían la pena. Animación sencilla de la época, diseños totalmente showa caricatura total y unos fondos con los que no dudo que se la pasó en grande el animador a cargo de ellos.

Es una obra que se mantuvo en mi infantil corazón… Por lo que no es de extrañar que ya con 18 años estallara ante esta secuela del mismo. Un anime que nadie esperaba, pero que en las buenas manos del director de Gintama ha conseguido resucitar totalmente, puesto que el retorno de los sixtillizos fue un éxito enorme en Japón.

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Han pasado ya muchas primaveras, y los hermanos Matsuno tras mucho tiempo fuera de emisión han conseguido un nuevo anime, pero ahora los que antes eran un grupo de niños que iban a primaria ahora son todos adultos…. Y no adultos cualquiera, ahora son un grupo de vírgenes NEET que encima aún viven en la casa de sus padres. Así este grupo de jóvenes tienen que adaptarse a los tiempos actuales de la era heisei, con sus cambios correspondientes, mientras conllevan su amarga existencia en medio de un nuevo repertorio de absurdas historias y con más de una destrucción total de su propia realidad.

Osomatsu-san no es Osomatsu-kun. Tras los veintisiete años que han pasado desde la serie de 1988 la sociedad ha avanzado hacia un Japón con unas tendencias muy diferentes y un panorama sociocultural que sorprendería a cualquiera que haya pasado en la showa, y la serie es consciente de eso. Japón está sumida ahora en una burbuja económica, la tecnología y las tendencias de los jóvenes han cambiado, el panorama musical ahora está repleto de idols genéricas super moes, la tasa de natalidad ha bajado por el waifulordismo… Pero tenemos a un elenco de personajes que provienen de una obra de 1966 que a su vez es de 1988 y deben adaptarlos a ella. ¿Cómo? Pues como toda persona: Creciendo… Solo que en esta obra es más drástico.

  • Empezando por el primer episodio -el cuál fue eliminado de los BD/DVD-, que es una reivindicación del propio tiempo original de la obra prima, con los personajes intentando adaptarse a 2015 a través de una parodia a las series bishonnen, incluyendo a unos idols sixtillizos de colores que representan la perfección en la tierra que se acompaña con una insana cantidad de parodias a las tendencias del anime actual (las series de deportes, Love Live!, Ataque a los Titanes…) y muchas más referencias que crean un popurrí del absurdo, todo para además impresionar al espectador. A  esto le sigue la autorreferencia. Porque no olvida su pasado, y no duda en usar su existencia para más de una broma… Como el intento de Iyami por recuperar el cetro del protagonismo que tuvo en 1988.
  • En segundo están el otro rasgo más evidente: Los sixtillizos, a los cuales la “””madurez””” les ha provisto a todos de una personalidad muy marcada que permite diferenciarlos, siendo cada uno un estereotipo japonés diferente llevado las absurdas dimensiones de la serie… Y hay que decir que están brillantemente caracterizados. Osomatsu es la versión adulta de su yo, pero Karamatsu es ahora un fracaso de intento de chulazo donjuán, Choromatsu (aka Fappymatsu Rising) se ha vuelto una encarnación de la virginidad de un otaku de idols y a su vez la voz de la razón de los hermanos como una suerte de tsukkomi, Ichimatsu ahora es un inquietante emo amante de los gatos que por dentro es un cacho de pan pero una dejadez en la vida preocupante, Jyuushimatsu en una caja de locura que se define por sí mismo y Todomatsu ha evolucionado en un lobo con piel de cordero sin corazón que tiene facilidad para ligar con las mujeres. Y por si fuera poco… Las voces de los hermanos son todas exquisitas. Respectivamente son Takahiro Sakurai, Yuichi Nakamura, Hiroshi Kamiya, Jun Fukuyama, Daisuke Ono y Miyu Irino, que dan una interpretación perfecta a sus personajes. Y los cambios de los secundarios no se quedan atrás: Totoko es la versión adulta de su egocéntrico yo infantil consecuencia de ser la única chica, Gallumbos y Dayon ahora son los bros definitivos (aunque Dayon se reduzca a decir su nombre cual pokemon), los padres ahora son dos ancianos que solo quieren vivir de su pensión, Iyami sigue con sus intentos de conseguir dinero para irse a Francia, Chibita ahora es dueño de un puesto de oden y Hatabo se ha vuelto multimillonario.

Sobre su humor… Con decir antes “director de Gintama” ya os podéis hacer una idea bastante correcta de a dónde quiero ir a parar. Es un humor salvaje con todas las de la ley que dentro de la caracterización de los personajes usa en su marco de un slice of life sociocultural para sus bromas que beben mucho del estilo actual, que no dudará en hacer referencias sexuales o de reírse de las desgracias de los personajes, de hacer todas las parodias que quiera… Pero también de a veces querer transmitir historias más humanas al espectador, como la de cuando Jyuushimatsu se enamora, o el cómo en el penúltimo episodio la serie trata de forma directa a los personajes como personas y a los hermanos como familia… Pero después tiene las mismas dudas de la serie de 1988 de ir a otro universo para mostrarte una parida mayor que la anterior rompiendo todo su mundo solo para ello (como cada vez que aparecen las versiones idol, como en esa super parodia de Hokuto no Ken, o la genial ocurrencia de presentar versiones femeninas de los personajes). Nada la frena tampoco de montarse episodios de sketches cómicos, donde también la serie tuvo que editar el episodio por cierta referencia obscena a Anpanman. Pero ante todo es un humor totalmente actual. Sí, sigue siendo muy japonés, pero los elementos culturales son cosas que de un modo u otro el aficionado medio al anime actual que disfrute de Zetsubou-sensei o Gintama no tendrá muchos problemas en entender. Ese cambio de registro es algo que en comparación con Osomatsu-san puede hacer más disfrutable la serie actual. No se toma a sí misma actual, ni se toma en serio al espectador.

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Aunque no todo es perfecto, el mayor problema de la serie es… Que aunque haya episodios mejor y peores… Los secundarios no los terminan de aprovechar. Es justo lo contrario a kun, donde orquestaba a la gran mayoría durante sus 86 episodios. San en sus 26 le da una prioridad mayor a los hermanos… Que para qué negarlo, lo merecen; pero así tenemos que la serie podría darnos más y usando más ese enorme recurso que es conejo y la excentricidad de cualquier otro personaje (o traer de vuelta a los policías, que yo lo echo de menos). Cuando les dan protagonismo brillan ellos solos, y más aún en retrospectiva al tomar gran parte de la caracterización de hace años… Como con la carrera de los autos locos con referencia de Mad Max, o el episodio donde Iyami y Chibita consiguen liarla convirtiéndose en mujeres. Con solo su cifra actual de episodios la serie se queda corta, y visto el increíble éxito que ha tenido no me sorprendería nada una segunda temporada pronto.

Osomatsu-san es y será de mis series favoritas del 2016, me ha encantado de principio a fin, y para mí ha sido… Increíblemente especial. La forma en la que he sentido la serie es muy diferente a la que otros han tenido, más que nada porque yo vi en mitad de mi infancia Osomatsu-kun. Cuando yo era un crío y veía la serie los hermanos y sus coetaneos lo eran, y ahora que yo lo soy  ellos lo son de la misma manera. Yo he crecido y ellos han crecido. Yo he crecido y en mi ansia friki por tragar manga, anime, doramas, tokus, novelas y videojuegos he podido ver el paso de los años desde hace los ya siete años que he estado viendo  cada nueva serie salir y cada nueva moda aparecer. He crecido viendo cambios en mis pasatiempos mientras me iba informando sobre el país, y en ese momento ha sido cuando ellos han venido para cambiar también. Es una forma de ver la serie bastante personal y que representa para mí un antes y un después. Incluso el ver cómo intenta mantener un apartado visual minimalista pero a la vez muy único me llena de esa venenosa nostalgia que ciega a todos. Está muy currado, y es realmente agradable -aunque cuando les da por pasar a los idols se note ya la cuality-.

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Este nuevo festival de la locura es una gran obra actual que no le cuesta tanto arrancar como obras similares (Gintama tarda en coger ritmo lo que dura esta serie y Space Dandy hasta el final no consigue identificarse bien). No puedo recomendar tanto Osomatsu-kun, pero Osomatsu-san me parece mejor serie que otras comedias que duren lo mismo y menos… Incluso le ha quitado el puesto de “comedia de la década” a la gloriosa Nichijou para mí, incluso quitándose las gafas de la nostalgia. Espero volver a ver a estos hermanos y su vecindario pronto.

 

Si te quieres reír a este lugar has de venir. Aquí el aburrimiento lo mandamos a freír pimientos.

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